viernes, 16 de julio de 2010

Atascado

¿Qué me pasa?
Llevo demasiados días
sin notar los días.
Es como si algo
me hubiera obligado
a apearme del tiempo.

Me siento atascado.

Me pasa casi todos los veranos.
O quizá estoy intentando ser amable
y en realidad la culpa
no es del verano.

En qué lugar de espanto me he metido;
La salida
ha preferido
salir de aquí.

Mi futuro a veces intenta engañarme,
quiere hacerme creer
que alguien lo va a escribir
en alguna página podrida.

Quiero matar la parte de mí que tanto te prefiere.
Verte como tú me ves a mí:
Percibir sólo
la normalidad que te conforma.

Estoy demasiado quieto en ti. Demasiado inquieto
y enfermo:
En lugar de vivir en tu vida,
vivo de tu vida.

Soy el vampiro
de todo aquello que tiene que ver contigo.
Me importa todo:
El pelo que llevabas ayer, y también
la ropa que has escogido.
Irene, ¿de qué color es último pintauñas que has guardado
en la caja donde guardas los pintauñas?

Debajo de mi cuello
la soledad
ha fundado una ciudad
que me habla de horrores mientras me diseca.
Estoy cansado de que no me sirva cualquiera. Estoy harto
de que sólo me valgas tú.
Con qué facilidad
la serpiente de mi imaginación
se cuela
y retoza con despilfarro
entre los cajones de tu ropa.

No sabes lo bien
que funciona tu imagen en mi casa.
Depende de la risa que uses
o de la voz que pongas
destellas el pasado y parece como si alguno
de tus viejos sentimientos
fuera un muerto que abre los ojos.

¿Quién me he creído que soy
para sentir asco
cuando te imagino con otros?

Nunca te he tenido.
Y tampoco he estado nunca a punto de tenerte. Solamente
hubo unos días que para mí
fueron muy buenos.

Busco consuelo
en el único argumento bueno del pasado:
Aunque aquellos días se hayan ido
el pasado
es la única cosa
que de verdad ha ocurrido.


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Poesía by Iván Legrán Bizarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at ernestomeobligo.blogspot.com.

domingo, 4 de julio de 2010

Habitaciones cerradas

¿Qué hago aquí contigo?
A veces tengo la sensación
de que aquí lo único que hago
es desperdiciar mi corazón contigo.

Debería deshacerme de este asunto,
darle a mi madre la noticia:
Ella se quedaría un rato parada y
con la mirada suspendida.
Luego se marcharía a otro cuarto.

Pero no puedo hacer eso.
Siempre que vuelvo a verte
lo que te trajo hasta aquí, hasta mi casa,
aquel engranaje entre tú y yo que funcionó desde el principio
vuelve a engrasarse. Tu mirada
sabe despejar y reparar los caminos
que te condujeron hasta mí.

Tu nombre, tu cara,
tu pecho que juega a ser infantil
jugando a no tener tamaño debajo
de tus camisetas holgadas:
Todo crea un clima especial
bajo el que quiero existir.

Ojalá no fuera así, pero por ahora
el resto de mujeres
son animales que viven en una cisterna gris
y ni siquiera me parecen capaces de
pronunciar correctamente mi nombre. Qué seres tan entumecidos, qué polución les desfigura la cara.
Qué larga lista de deberes.
Ninguna de ellas
me apetece.

Siempre estoy harto de ti;
Tú ya no me deseas. Pero aún me quieres.
Para mí ese sentimiento
es una casa
en la que sin saber por qué
las mejores habitaciones
han sido cerradas.



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jueves, 1 de julio de 2010

Mi novia

Tengo dos cabezas.

Una se concentra en ti todo el rato; en la posibilidad de dar contigo.
La otra vigila con mucha pereza las cosas normales
de una vida.

Me temo que ayer fue la primera de mis cabezas
quien se dedicó a tejer mi sueño:

Era verano. El verano era
un pájaro caliente y vasto
que se apoyaba en todas las ventanas de mi casa
y se dedicaba a respirarlo todo.

El verano sólo tiene dos cosas buenas:

La sonrisa de la agenda
y que la noche nunca se olvida el cepillo de dientes.
Brillan más
las estrellas.

Soñé que tenía otra vez novia.
Sé que era mi novia
porque la vi hablando con mi abuela.

Mi abuela hoy
es sólo la mitad de lo que es ella. Tiene Alzheimer;
su cerebro es una pastilla
que efervece
hacia la nada.
La fantasía intenta parchear su cabeza,
taponar sus fugas.

A veces se gira en mitad de una calle llena de arrugas
y me obliga a prestarle atención:

-Iván, hoy he visto a Bertín Osborne.
Me ha dado recuerdos para ti.

La chica con la que soñé no se reía de mi abuela.
Hablaba con ella, se metía en su hilaridad
y jugaba delante de mí a comprenderla.

Me gustaba esa chica. Y si me gustaba es porque físicamente
tenía algo malo. La gente perfecta es transparente. Se recuerdan
sólo las cosas raras.

El pelo
tiene que ser de tamaño derramable. El resto
da igual
siempre que tenga algún fallo:
Las piernas algo regordetas. O
las manos pequeñas. O
un diente un poco grande. O
una nariz algo rara. Ella ha de tener algo
que me haga creer
que sólo yo sé leer
que en realidad sí que es guapa.

La chica del sueño podía salvarme. Eso se notaba.

Mi alegría se ha convertido en alguna cosa
corta y pequeña.

Un caracol
tratando de escalar un flaco
fleco de hierba.

Mi novia
con su cuerpo desnudo
me desparasitaría el corazón de sombras. Y en cada gesto
me haría un guiño hacia el futuro.

Fantaseo con el día en que te encuentre, novia.
Ese día
¡qué grande!
Mi peso no pesará. Y la gravedad
desde luego
no será tan grave.

Lo malo es que no existes. Y si existieras
ya no dispondrías de mucho tiempo
para hablar con mi abuela.


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