lunes, 23 de mayo de 2011

Una comedia

Verás, Natalie
las sombras tienen razón:
el mundo es plano y sombrío.
Últimamente
las cosas van mal; pero llevo bien
lo de que todo vaya mal.
El café también tiene razón:
a veces
la vida es amarga y fuertemente oscura.

A ti, Natalie, por la noche ¿qué es lo que te tranquiliza?
Esa misma pregunta quiero hacérsela a mi madre.
Mama,
¿qué te tranquiliza a ti? A mí escucharte respirar. Oír por la noche
la cuerda áspera de tu respiración, ese hilito de agua seca
que me certifica
que por fin estás descansando.

Últimamente me intranquiliza demasiado la noche.
Me daña más de lo normal
y me parece que la noche es un enorme forense
de manos enguantadas por el látex de la luna
a la espera
de recoger cualquier pájaro
que se muera.

El otro día soñé que tú y yo, Natalie, montábamos una divina comedia:
Al poeta Iván
le guía, de la mano, la niña de 12 años de León el profesional. No me conducías
ni por el infierno ni por el cielo, sino por el purgatorio de los años 90. La década
en la que la adolescencia
convirtió mi corazón en una urna que se llenaba de mundo.
Quiero que me lleves a esa época hermosa y grunge
que se confiscaba perfectamente
en las canciones de Radiohead y de los Smashing Pumpkins.
En algún callejón
podrido por esa cosa que llamaron graffitis
te besaré en una mejilla. Alguien encenderá una radio
y el locutor, por supuesto
hablará del sida.

Natalie, las sombras tenían razón:
el mundo es un lugar plano y oscuro. Creo
que mi abuela
pronto recibirá
una carta negra.


Cuando mi abuela muera
me imagino a todos los ángeles tomando apuntes en sus libretas.
Todos ellos la interrogarán,
todos los ángeles tienen demasiadas cosas
que aprender de ella.
Natalie,
quiero conversar en la nieve
con la niña que eras en Beautiful Girls. Quiero ir a buscarte a la escuela, darte un sándwich y un zumo y decirte:

-Eh, cuando te comas el sándwich,
prométeme
que harás bien la digestión.

A veces creo
que quiero regresar a aquello que tenía con Julia. Grabar tu nombre
(o el de quien sea), en todos los postes del telégrafo.
Volver
a sentir que alguien
necesita imputarme en la delicadeza de su vida. Saber, saber tanto de alguien
que lo único que me quede
sea gandulear debajo de su mirada
sin sentirme normal ni defectuoso. Quiero volver
a ser el periodista
de todos los átomos de una vida
que no sea la mía.

Pero por otro lado
el amor
en mi corazón sólo ha dejado
un palmarés derrotado y receloso.

Oh, pero no, Natalie. Vamos. Tú no te preocupes. No llores:
No se hunde mi corazón
flota bien en la tormenta. Lo malo
es que ya nunca flota en ningún otro sitio porque ya nadie
lo trata de ninguna otra manera.





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Poesía by Iván Legrán Bizarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at ernestomeobligo.blogspot.com.

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